En el modelo de enseñanza centrada en el alumno y su aprendizaje, la evaluación ha de ser "auténtica y por tanto debe medir el grado de adquisición de conocimiento, su comprensión y el nivel de aplicación de las estrategias de aprendizaje." Una enseñanza a medida de cada estudiante.
Es tendencia que los profesores no se sientan cómodos con este tipo de evaluaciones y tiendan a utilizar las tradicionales medidas estandarizadas.
Dado que todavía soy profesora en "potencia", me gustaría dar un ejemplo de lo que para mí significa la evaluación y qué tipo de medidas emplearía:
En primer lugar creo que deben fijarse unos objetivos que ayuden a los alumnos a encontrar útil la enseñanza. Para ello, lo mejor es centrarse en aspectos de la vida cotidiana, que a los alumnos les resulten familiares y por tanto, puedan integrar sus conocimientos teóricos llevándolos a su vida diaria.
En segundo lugar, es imprescindible no tener sólo en cuenta el resultado, sino el proceso que se lleva a cabo para obtener ese resultado. Es decir, no debemos fijarnos sólo en una puntuación final, sino que debe darse una evaluación inicial previa, una evaluación durante el proceso y finalmente se debe comparar el resultado final. ¿Dónde empezamos y hasta dónde hemos llegado?
Esta idea responde a que La evaluación no es ni siquiera continua sino frecuente, es una foto seriada. Uno debe evaluar en los momentos más oportunos y eficientes.
Por ejemplo, en el área de matemáticas: El alumno, dependiendo del curso, debe identificar su día a día con las actividades, ejemplos y problemas que se resuelvan en el aula.
Es fácil hacerles entender que las matemáticas son imprescindibles para: manejar dinero, controlar que no hay errores al hacer cuentas, hacer la compra y a la vez ser más autónomos e independientes.
Se trata de hacerles ver que todas las actividades que se realizan en el aula, las van a necesitar en su día a día.
No debemos olvidar, que alguno de nuestros alumnos va a mostrar especial dificultad con algún tema. Para ello, sea el área que sea, se debe investigar a través de la observación o bien a través de una entrevista con los padres, sus gustos o sus aficiones. ¿Para qué? De esta manera, podremos por ejemplo, adaptar cualquier actividad a su mundo para que consigamos que sea de interés para él. Si le gusta el fútbol, podremos plantear sus problemas basándose en equipos y jugadores. Si le gusta un personaje concreto de la televisión, podremos motivarle a través de cromos o noticias sobre ellos.
Motivarlo para lograr superar los obstáculos con éxito. Cada alumno es único e irrepetible.
Una profesora que conozco, siempre que veía que alguno de sus alumnos mostraba una mínima dificultad para entender cualquier concepto, en su clase de conocimiento del medio, llevaba a clase cualquier recurso que hiciera falta hasta que todos adquirían ese conocimiento. Presencié una de sus clases, a la que apareció con un conejo. La ilusión y la motivación con la aprendían esos alumnos era muy distinta a cualquier otra clase magistral.

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