lunes, 20 de octubre de 2014

"La vida pasando"

Nací en Pamplona un 5 de Julio de 1991 prácticamente con el pañuelico rojo atado al cuello. Desde ese mismo día para mí fue un privilegio ser hija de mis padres. El amor incondicional y comprensión de mi madre junto al esfuerzo, cariño y apoyo de mi padre me enseñaron a tener fe en mí misma y en Dios.

Mi infancia fue muy feliz, mis padres, mi hermana y yo siempre hemos sido una piña, un equipo con metas en común en donde cada uno sabía qué era importante para el resto del equipo. Nos apoyábamos aportando cada uno lo mejor de sí:



-Mamá como pilar fundamental de la familia organizándolo todo, con sus buenos consejos y decisiones oportunas.

-Mi querida hermana el terremoto de la casa siempre resolviendo con mucho nervio y talante cualquier situación. Yo en cambio más parecida a mi padre, calmada y paciente. Solían decirnos que “transmitíamos paz.”

-Papá prudente y discreto una persona con la que compartir momentos de silencio resolviendo crucigramas o escuchando “Los sabandeños” sin necesitar dar explicaciones sobre nada más.



Mis abuelos han vivido siempre justo debajo de mi casa y eso les ha convertido en mis segundos padres, lo hemos compartido con ellos todo.

            Recuerdo que de pequeña no me entusiasmaba ir al colegio, así como a otros compañeros no les suponía un esfuerzo, yo cuando llegaba el domingo por la tarde sentía tristeza por volver a la rutina. Desde 1º de Infantil hasta terminar la ESO fui al  Ursulinas supongo que además de estar cerca de mi casa, mis padres pensaron que era una buena elección.  Cuando mi hermana, 4 años mayor que yo terminó el colegio, pensé que era un buen momento para “cambiar de ambiente” y pedí a mis padres hacer bachiller en otro centro. Aunque la idea en un principio no les convenció demasiado, confiaron en mí y me cambié a Carmelitas-Vedruna. Recuerdo esta elección como una de las mejores decisiones de mi vida y conocí a esos amigos que la gente suele llamar “los amigos de toda la vida, los amigos de la infancia.”



En las navidades de mis 18 mi padre se fue. Tuve que preguntar por qué en muchas ocasiones hasta que el doctor Centeno supo darme la respuesta: “Tu padre era una persona buena, una de esas personas extraordinarias que Dios necesita a su lado.” Fue una época muy complicada que sin duda ha marcado mi biografía.

Siempre tuve claro que quería ser maestra. Recuerdo que mis compañeros en los primeros años de colegio, solían cambiar a menudo de opinión, si un día alguien quería ser bombero, a la semana siguiente quería ser astronauta.  A mi siempre me entusiasmó la idea de enseñar y me compadecía de las personas que hasta el último momento no sabían qué hacer con su carrera profesional.

Al llegar a la universidad me dejé aconsejar y pensé que ser maestra se complementaba muy bien con ser pedagoga. ¡Bendito día! 5 años más tarde, sueño con poder trabajar en un colegio de educación especial.
La universidad han sido años muy significativos en los que he tenido la oportunidad de vivir experiencias inolvidables como un viaje a Marruecos con las Misioneras de la Caridad, también he conocido a mucha gente buena, entusiasmada con sus estudios, con ilusiones, personas luchadoras... Pero de una manera muy especial 4 de esas personas me han ayudado a crecer, a ser mejor, a ver la vida desde otros puntos de vista y me han enseñado que el tiempo es relativo, que si de verdad lo deseas, lo logras.




Por fin en 5º a un solo paso de terminar la universidad y aunque reconozco que por un lado produce vértigo mirar hacia delante, por otro me entusiasma pensar en las nuevas etapas.


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