lunes, 20 de octubre de 2014

Buscar la meta



“La vida viene dada y hecha por padres, profesores o incluso por los medios de comunicación” ya tenemos todo establecido, un camino que todos seguimos o debemos hacerlo: ir al colegio, terminar bachiller, elegir una carrera e  ir a la universidad… esto es lo ideal y lo que todos esperan de ti. ¿Y qué pasa cuando alguien sale de este camino? Hay situaciones en las que incluso no es que uno no quiera, sino que no puede lograrlo.

            Estamos sumergidos en un mundo en donde la amistad se ha relativizado y la adicción a las redes sociales supone un aislamiento de las personas. Por ejemplo, sé de familias que incluso a la hora de comer se mantienen conectados y lo único que se consigue es no estar ni en un sitio ni en otro. Es cuestión de prioridades de compartir y diferenciar los momentos familiares, momentos para los amigos e incluso el tiempo libre. Con respecto al tiempo libre,  es otro de los momentos que también los medios electrónicos bien sean juegos, ordenadores o los teléfonos móviles han sustituido a la lectura. Estamos restringiendo nuestra propia libertad porque nos imponemos en nuestra vida obligaciones o deberes del estilo: ver la televisión, mantener conversaciones por whatsapp, actualizar Facebook… somos adictos a ciertas cosas que no son necesarias pero nos quitan muchísimo tiempo. El motivo: “conformarse, querer y ser queridos” de manera muy superficial por la masa.

            Debemos pensar por nosotros mismos y para tener nuestros propios pensamientos necesitamos una base de educación aunque en ocasiones también se nos exige demasiado. Es decir, son muchos los jóvenes responsables, activos con actitud crítica que piensan, estudian, se sumergen en proyectos pero a lo mejor no tienen tiempo de pararse a pensar ¿qué está pasando con el islam?
Cada época histórica tiene sus características y hace 50 años no se le exigía tanto a las personas pensar: un niño que desde los 14 años trabajaba en el campo no le dedicaba tiempo a pensar, sino que todos sus esfuerzos desaparecían en su trabajo.
Hoy en día los jóvenes piensan y no todos malgastan su tiempo pero muchos, se dejan guiar por este concepto barato de jóvenes vagos que no es real.  

            Otra de las ideas relacionadas con el ser queridos por la masa y pensar por nosotros mismos es el miedo al compromiso. Es normal que la idea por ejemplo, de pasar el resto de tu vida con alguien asuste y se le tenga respeto porque son decisiones muy importantes en las que uno debe pensarlo bien. Y aquí está el problema: ¿Prefieren los jóvenes no pensar en ello para evitar la responsabilidad?
Hace 40 años se vivía en un estado confesional católico y conservador donde la gente tenía una ideología católica más profunda en algunos casos verdadera y en otros, impuesta. Todos eran católicos con unos valores los cuales se debían seguir. Pero ahora… si dejamos a un lado la religión y no la tenemos en cuenta ¿Cuáles son los valores? Me atrevo a decir que en muchos casos  el fin se resume a “pasarlo bien.”

Por último, los jóvenes solemos quejarnos por no disponer de más tiempo libre sobre todo en época de exámenes lo que en la mayoría de los casos, se debe a una mala organización. Hay alumnos a los que les va bien no estudiando durante el curso y en exámenes prefieren no dormir, recurren al estrés del último momento lo que no significa que sea lo ideal ni mucho menos sano.
Es verdad que los estudiantes no rendimos lo mismo el primer día de clase que el día anterior al examen y es que el agobio y el estrés que se genera, en realidad no es malo sino que te ayuda a ponerte las pilas. Si empleáramos el mismo ritmo de estudio desde el primer día, seríamos brillantes.
También hay veces que organizarse en asignaturas no es fácil o no está en nuestras manos bien sea porque el profesor falla o porque no siempre nosotros tomamos las decisiones más acertadas. A veces crees que lo mejor es estudiar del libro y resulta que los apuntes son más concretos y recogen lo que al profesor le parecía más importante.

            En conclusión, creo que el problemas de algunos jóvenes es que no tienen una meta, no saben qué hacer. Si tu te dices: “Quiero ser profesor” tienes una motivación fuerte. Ya no estudias por aprobar, por complacer a tu familia o por sentirte bien contigo mismo sino para que el día de mañana seas un buen profesor. Esto es buscar tu meta y el problema de muchas personas es que no la tienen clara: no saben qué quieren llegar a ser no sólo en su vida profesional sino en la personal.



"La vida pasando"

Nací en Pamplona un 5 de Julio de 1991 prácticamente con el pañuelico rojo atado al cuello. Desde ese mismo día para mí fue un privilegio ser hija de mis padres. El amor incondicional y comprensión de mi madre junto al esfuerzo, cariño y apoyo de mi padre me enseñaron a tener fe en mí misma y en Dios.

Mi infancia fue muy feliz, mis padres, mi hermana y yo siempre hemos sido una piña, un equipo con metas en común en donde cada uno sabía qué era importante para el resto del equipo. Nos apoyábamos aportando cada uno lo mejor de sí:



-Mamá como pilar fundamental de la familia organizándolo todo, con sus buenos consejos y decisiones oportunas.

-Mi querida hermana el terremoto de la casa siempre resolviendo con mucho nervio y talante cualquier situación. Yo en cambio más parecida a mi padre, calmada y paciente. Solían decirnos que “transmitíamos paz.”

-Papá prudente y discreto una persona con la que compartir momentos de silencio resolviendo crucigramas o escuchando “Los sabandeños” sin necesitar dar explicaciones sobre nada más.



Mis abuelos han vivido siempre justo debajo de mi casa y eso les ha convertido en mis segundos padres, lo hemos compartido con ellos todo.

            Recuerdo que de pequeña no me entusiasmaba ir al colegio, así como a otros compañeros no les suponía un esfuerzo, yo cuando llegaba el domingo por la tarde sentía tristeza por volver a la rutina. Desde 1º de Infantil hasta terminar la ESO fui al  Ursulinas supongo que además de estar cerca de mi casa, mis padres pensaron que era una buena elección.  Cuando mi hermana, 4 años mayor que yo terminó el colegio, pensé que era un buen momento para “cambiar de ambiente” y pedí a mis padres hacer bachiller en otro centro. Aunque la idea en un principio no les convenció demasiado, confiaron en mí y me cambié a Carmelitas-Vedruna. Recuerdo esta elección como una de las mejores decisiones de mi vida y conocí a esos amigos que la gente suele llamar “los amigos de toda la vida, los amigos de la infancia.”



En las navidades de mis 18 mi padre se fue. Tuve que preguntar por qué en muchas ocasiones hasta que el doctor Centeno supo darme la respuesta: “Tu padre era una persona buena, una de esas personas extraordinarias que Dios necesita a su lado.” Fue una época muy complicada que sin duda ha marcado mi biografía.

Siempre tuve claro que quería ser maestra. Recuerdo que mis compañeros en los primeros años de colegio, solían cambiar a menudo de opinión, si un día alguien quería ser bombero, a la semana siguiente quería ser astronauta.  A mi siempre me entusiasmó la idea de enseñar y me compadecía de las personas que hasta el último momento no sabían qué hacer con su carrera profesional.

Al llegar a la universidad me dejé aconsejar y pensé que ser maestra se complementaba muy bien con ser pedagoga. ¡Bendito día! 5 años más tarde, sueño con poder trabajar en un colegio de educación especial.
La universidad han sido años muy significativos en los que he tenido la oportunidad de vivir experiencias inolvidables como un viaje a Marruecos con las Misioneras de la Caridad, también he conocido a mucha gente buena, entusiasmada con sus estudios, con ilusiones, personas luchadoras... Pero de una manera muy especial 4 de esas personas me han ayudado a crecer, a ser mejor, a ver la vida desde otros puntos de vista y me han enseñado que el tiempo es relativo, que si de verdad lo deseas, lo logras.




Por fin en 5º a un solo paso de terminar la universidad y aunque reconozco que por un lado produce vértigo mirar hacia delante, por otro me entusiasma pensar en las nuevas etapas.