“La vida viene dada y hecha por
padres, profesores o incluso por los medios de comunicación” ya tenemos todo
establecido, un camino que todos seguimos o debemos hacerlo: ir al colegio, terminar
bachiller, elegir una carrera e ir a la universidad…
esto es lo ideal y lo que todos esperan de ti. ¿Y qué pasa cuando alguien sale
de este camino? Hay situaciones en las que incluso no es que uno no quiera,
sino que no puede lograrlo.
Estamos
sumergidos en un mundo en donde la amistad se ha relativizado y la adicción a
las redes sociales supone un aislamiento de las personas. Por ejemplo, sé de
familias que incluso a la hora de comer se mantienen conectados y lo único que
se consigue es no estar ni en un sitio ni en otro. Es cuestión de prioridades
de compartir y diferenciar los momentos familiares, momentos para los amigos e
incluso el tiempo libre. Con respecto al tiempo libre, es otro de los momentos que también los
medios electrónicos bien sean juegos, ordenadores o los teléfonos móviles han
sustituido a la lectura. Estamos restringiendo nuestra propia libertad porque
nos imponemos en nuestra vida obligaciones o deberes del estilo: ver la
televisión, mantener conversaciones por whatsapp, actualizar Facebook… somos
adictos a ciertas cosas que no son necesarias pero nos quitan muchísimo tiempo.
El motivo: “conformarse, querer y ser queridos” de manera muy superficial por
la masa.
Debemos
pensar por nosotros mismos y para tener nuestros propios pensamientos
necesitamos una base de educación aunque en ocasiones también se nos exige
demasiado. Es decir, son muchos los jóvenes responsables, activos con actitud
crítica que piensan, estudian, se sumergen en proyectos pero a lo mejor no
tienen tiempo de pararse a pensar ¿qué está pasando con el islam?
Cada época histórica tiene sus características y hace 50 años
no se le exigía tanto a las personas pensar: un niño que desde los 14 años
trabajaba en el campo no le dedicaba tiempo a pensar, sino que todos sus
esfuerzos desaparecían en su trabajo.
Hoy en día los jóvenes piensan y no todos malgastan su
tiempo pero muchos, se dejan guiar por este concepto barato de jóvenes vagos
que no es real.
Otra de las
ideas relacionadas con el ser queridos por la masa y pensar por nosotros mismos
es el miedo al compromiso. Es normal que la idea por ejemplo, de pasar el resto
de tu vida con alguien asuste y se le tenga respeto porque son decisiones muy
importantes en las que uno debe pensarlo bien. Y aquí está el problema:
¿Prefieren los jóvenes no pensar en ello para evitar la responsabilidad?
Hace 40 años se vivía en un estado confesional católico y
conservador donde la gente tenía una ideología católica más profunda en algunos
casos verdadera y en otros, impuesta. Todos eran católicos con unos valores los
cuales se debían seguir. Pero ahora… si dejamos a un lado la religión y no la
tenemos en cuenta ¿Cuáles son los valores? Me atrevo a decir que en muchos
casos el fin se resume a “pasarlo bien.”
Por último, los jóvenes solemos quejarnos
por no disponer de más tiempo libre sobre todo en época de exámenes lo que en
la mayoría de los casos, se debe a una mala organización. Hay alumnos a los que
les va bien no estudiando durante el curso y en exámenes prefieren no dormir,
recurren al estrés del último momento lo que no significa que sea lo ideal ni
mucho menos sano.
Es verdad que los estudiantes no rendimos lo mismo el primer
día de clase que el día anterior al examen y es que el agobio y el estrés que
se genera, en realidad no es malo sino que te ayuda a ponerte las pilas. Si
empleáramos el mismo ritmo de estudio desde el primer día, seríamos brillantes.
También hay veces que organizarse en asignaturas no es fácil
o no está en nuestras manos bien sea porque el profesor falla o porque no
siempre nosotros tomamos las decisiones más acertadas. A veces crees que lo
mejor es estudiar del libro y resulta que los apuntes son más concretos y
recogen lo que al profesor le parecía más importante.
En
conclusión, creo que el problemas de algunos jóvenes es que no tienen una meta,
no saben qué hacer. Si tu te dices: “Quiero ser profesor” tienes una motivación
fuerte. Ya no estudias por aprobar, por complacer a tu familia o por sentirte
bien contigo mismo sino para que el día de mañana seas un buen profesor. Esto
es buscar tu meta y el problema de muchas personas es que no la tienen clara:
no saben qué quieren llegar a ser no sólo en su vida profesional sino en la
personal.



